Eutanasia, Fe y la Falsa Separación de Fernando Pereira
El Peligro de un «Cristianismo» Sin Defensa de la Vida.
Recientemente, Fernando Pereira, presidente del Frente Amplio, se pronunció con firmeza contra la postura de la Iglesia Católica y específicamente del Cardenal Daniel Sturla respecto a la aprobación de la ley de Muerte Digna en Uruguay. En sus declaraciones, Pereira no solo se identificó como «cristiano», sino que acusó a Sturla de «hacer política desde la iglesia» y, de forma contundente, calificó como un «pecado imperdonable» quitar la libertad de otros por un «credo».
Estas expresiones, realizadas en el contexto de la regulación de la eutanasia en Uruguay (el primer país en América Latina en hacerlo por vía legal), revelan una estrategia peligrosa: intentar redefinir el cristianismo para justificar posiciones contrarias a la enseñanza central sobre el valor intrínseco de la vida.
La Contradicción de Pereira.
Pereira argumentó que él tiene «derecho a morir de otra manera». Sin embargo, el centro de su crítica no fue su derecho personal, sino la acción de la Iglesia al llamar a la defensa de la vida. Acusó que la postura de Sturla, al señalar a quién votar con base en su apoyo a la ley, «ofende a los cristianos» y a «los que creemos en la libertad».
Lo que el Cardenal Sturla hizo, en cambio, fue manifestar la profunda tristeza de la Iglesia ante la aprobación de la ley, argumentando que esta representa «un avance más de eso que él llamaba la cultura de la muerte», citando a Juan Pablo II. Sturla, a pesar de la tristeza, expresó «gratitud» por «todos aquellos que se la jugaron por defender la vida humana».
Es ineludible que, al presentar la defensa de la vida como una ofensa a la libertad del cristiano, Pereira busca desvincular al creyente de un mandato fundamental de su fe. Su retórica parece apuntar a neutralizar la voz profética de la Iglesia, sugiriendo que la fe debe ser privada e incapaz de influir en la legislación que afecta la dignidad humana.
El Valor Bíblico de la Vida y la Ausencia de Autoridad Humana.
El punto de choque ideológico reside en la autoridad sobre la vida. Desde una perspectiva basada en la Palabra de Dios :
1. La Vida es un Don de Dios y Tiene Valor Intrínseco: La Escritura establece que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. Este principio confiere a la vida un valor sagrado y no negociable. La vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, no es propiedad del individuo ni del Estado para ser desechada cuando parezca conveniente.
2. No Poseemos Autoridad Sobre Nuestra Propia Vida: La soberanía sobre la vida y la muerte reside exclusivamente en Dios. La Biblia enseña que Él es quien da y quita, y disponer de la propia vida o asistir a otro en terminarla entra en conflicto directo con la autoridad divina. Por lo tanto, el concepto de un «derecho a morir de otra manera» defendido por Pereira, aunque se presente como un ejercicio de libertad, es, desde la perspectiva teológica tradicional, una usurpación de la autoridad que solo le corresponde al Creador.
Conclusión:
La ley de eutanasia fue aprobada en Uruguay, en parte con votos de legisladores del Frente Amplio y algunos de otros partidos. Sin embargo, la defensa de la vida, encarnada por Sturla y aquellos que sintieron tristeza ante la ley, no es un simple capricho político o un intento de suprimir la libertad. Es la aplicación coherente de un «credo» que ve en cada vida humana un reflejo de Dios.
Las expresiones de Fernando Pereira se equivocaron al intentar categorizar esta defensa como un «pecado imperdonable». Lo que es imperdonable para el cristiano es la claudicación ante la «cultura de la muerte», dejando de lado el claro mandato de la Palabra de Dios para defender la vida en todas sus etapas. El cristiano está llamado a ser defensor de la vida, sin importar los costos políticos o el argumento de la libertad individual.
